Los niños invisibles

por Teresa
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Sobrevivir en el Sahara.

Isa, me mandó lo que le había pedido, un relato del día a día de un niño cualquiera, en un campamento saharaui.

La casualidad hizo que estuviera leyendo su relato, y viendo sus fotos, mientras en la televisión se emitía un anuncio que desde hacía unos días me tenía emocionada.

El anuncio publicitario resume su mensaje, en…” la quimio jugando, se pasa volando”. Se centra en cómo afrontan los niños de nuestro entorno la quimioterapia, la alegría y la valentía que expresan me parece maravillosa…

Mientras tanto, yo estaba leyendo el relato de otros miles de niños, que no estaban enfermos pero que carecían de todo.

Su mayor carencia, probablemente sea la de ser invisibles, están allí, pero nadie los ve, ni tienen voz.

Son niños, que no tengo muy claro por qué razones políticas, han nacido siendo invisibles y sin voz, no se hacen anuncios publicitarios sobre ellos, pero están ahí…

Isalku, que acepta con agrado el diminutivo de Isa, por nuestra incapacidad de pronunciar bien su nombre, es un estudiante, que durante un par de meses ha estado haciendo prácticas de enfermería en nuestro centro de salud.

Durante este tiempo, he intentado adivinar, a través de sus ojos, como se vive la diferencia que supone nacer en España o nacer en el Sahara…

Por eso le pedí que escribiera un relato sobre la vida de un niño en los campamentos del Sahara.

Como he contado coincidió que estuviera leyendo su relato, con el anuncio de los niños que recibían quimioterapia, me siguió pareciendo maravilloso el mensaje de ese anuncio, pero a la vez sentí el dolor de que no conozcamos las condiciones de vida de otros miles de niños…

¿Qué pasa con los niños que son invisibles???

¿Qué pasa con los niños que no tienen voz??

Porque estos niños, son niños de este mundo, y por lo tanto deberían importarnos igual.

Pero si alguien necesita alguna razón especial, hay un argumento de peso para que nos preocupen.

El Sahara es territorio no autónomo, cuya potencia administrativa sigue siendo España, por lo que de alguna manera, les debemos nuestra protección.

Por historia, y también por ley (cosa que he descubierto escribiendo este post) se lo debemos.

 

El relato de Isalku

Las y los niños saharauis consideran los campamentos de refugiados como su hogar. La mayoría no han conocido otro hogar salvo ese desierto árido y arenoso.

Su carrera por la supervivencia empieza al nacer, tienen que superar enfermedades y la escasez de recursos sanitarios. No tienen ni pediatra ni enfermera.

Crecen en colectivo, ya que el cuidado de los niños se hace entre todas las madres vecinas.

Una de las primeras cosas que come un niño saharaui es la arena, algo imposible de evitar por el entorno, el desierto lo envuelve todo.

Llegada la edad preescolar, todos los niños saharauis tienen una plaza en su respectiva guardería “Tarbia” a partir de los 3 años hasta los 6 años. Además, hay colegios “madrasa” con 6 cursos de primaria.

El índice de escolarización es casi del 100% tanto en niños y niñas. Los logros alcanzados por el pueblo saharaui, en este sentido, no los ha conseguido ningún otro pueblo en el norte de áfrica, y de esta manera lo reconoce la UNESCO.

Ibrahim, es un niño saharaui de 7 años, vive en la “daira” o sección Hagunia del Aiuun, uno de los 5 campamentos saharauis.

Cada mañana se despierta, de sábado a jueves para ir al colegio, el colegio “Cantabria”.

Su único desayuno es el pan que sobró del día anterior y el té que le prepara su madre.

Fuera de la Jaima, hace mucho frio. Hay mucha humedad y carece de ropa de abrigo.

Su madre le ayuda a preparase y lavarse. Él no quiere lavarse la cara por el frio que hace. Al final su madre consigue convencerle. Tampoco se cambia de ropa, la ropa con la que duerme es la que lleva al colegio. Aunque en el colegio lleva una bata como todos sus compañeros.

Sale de su casa y se dirige al punto de encuentro para quedar con los niños vecinos y así van juntos al colegio.

De nuevo Salamu, su amigo, tarda más de la cuenta y queda poco tiempo para que abra el colegio. Los chicos tienen que correr para llegar a tiempo a clase. Los zapatos de Ibrahim se rompen justo al llegar al colegio.

El horario de clases es de 9h a 13h y de 16h a 18h. Tienen clases de diversas asignaturas. Lengua Árabe, Tecnología, Matemáticas, Geografía, Educación Física, Ciencias Naturales, Educación nacional, Historia Saharaui y Español.

Su asignatura preferida es la geografía, mediante la cual aprende sobre la tierra de sus antepasados, la tierra que nunca conoció, el Sahara Occidental. Le gustaría volver a su tierra, sueña con ir a la playa, tener un parque en el que jugar y una casa en condiciones.

También estudia el español. Ibrahim sueña con salir fuera para estudiar una carrera. Quiere ser médico o enfermero ya que así podrá ayudar a su pueblo. Aunque lo que más le gustaría es que los saharauis volvieran a su tierra y así no tendrían que emigrar para formarse.

Ibrahim tiene que compartir los libros con sus compañeros, porque no hay suficientes para todos. Solo tiene un lápiz, pero le falta la goma y el sacapuntas.

En la hora del recreo juega con sus amigos. No faltan las sonrisas y las risas.  A Ibrahim le gusta mucho el recreo por los juegos. Acaba cubierto de polvo y con arena en el pelo.

Termina el recreo y de nuevo esa sensación en la tripa, hambre, Ibrahim tiene hambre, pero no tiene almuerzo. Un trago de agua y empieza de nuevo la clase.

Suena el pitido a la una. Ibrahim está agotado. Vuelve corriendo con sus amigos hacia sus casas. Ibrahim está en desventaja ya que solo tiene una zapatilla, la otra se le rompió. Desgraciadamente, al correr entre las rocas y la arena, una piedra afilada se le clava en el talón.

Ibrahim no llora. Le han enseñado a ser fuerte y que el dolor es pasajero. Su madre le decía “Crecerás y olvidarás el dolor”.

 

Al llegar a casa, su abuelo le prepara una mezcla de hierbas y goma arábiga para tratar la herida. Posteriormente, Se dispone a comer. La comida es mala, escasa y no cubre las necesidades básicas nutricionales. No hay ni postre ni refrescos. Ni siquiera agua potable en condiciones.

Después de comer, vuelve al colegio. Lleva unas chanclas porque no tiene más zapatos y cojea de un pie. La herida no es justificación para faltar a clase. Ibrahim aún recuerda el esguince que tuvo en su pie izquierdo y aun así iba al colegio. La herida le parece lo de menos. Más le molesta el frío en los pies porque solo lleva chanclas en pleno invierno.

Termina la jornada de tarde. Ibrahim vuelve a su casa solo para dejar la mochila. Luego va con sus amigos a jugar entre las dunas.

No tiene juguetes por lo que él mismo los fabrica, tiene un coche de tubos de metal. Entre él y sus amigos recrean las persecuciones de coches entre  policías y  contrabandistas.

Antes de anochecer su padre le llama para que le ayude a llevar la comida a las ovejas que tienen. Anochece, Ibrahim vuelve de los corrales con su padre. En el largo recorrido, Ibrahim aprovecha para contarle a su padre lo que ha estudiado en el colegio. Su padre le anuncia que el día siguiente se marcha al frente con el ejército durante 3 meses.

Y así, a modo de resumen, podría ser, un día en los campamentos saharauis, para un niño saharaui.

 

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La vida en los campamentos no es fácil.

Los niños saharauis viven en uno de los lugares más inhóspitos de este planeta. Viven en la Hamada. Los saharauis son un pueblo que ha hecho del sufrimiento su escuela, de la pobreza su humildad y de la sencillez, su felicidad.

Son niños que han crecido sabiendo que sus tierras han sido invadidas, que sus abuelos y padres han sido expulsados y asesinados. Pero entre sus valores, no está el odio, ni hacia los marroquíes, ni hacia la comunidad internacional que los abandonó y sigue abandonándoles.

Tienen una plegaría, volver a su tierra libres. Son un pueblo nómada, hijos de las nubes. Los niños saharauis son el futuro de esta lucha pacífica. Niños que intentan atrapar la esperanza, esa esperanza que en ocasiones se escapa entre las manos como el polvo.

42 años después, siguen resistiendo como una palmera en medio del desierto. Crecemos entre arena, arena que nos vio nacer y la que vio a nuestros antepasados perecer.

Obama dijo una vez que la vida no es nada si los niños del planeta no tienen una vida mejor, ¿Se acordó de los niños saharauis al pronunciar esa frase?

Desearía terminar este relato con una oración.. “En nuestro desierto no crecen ni árboles ni plantas, pero sí que florecen personas con buenos valores”

 

El Proyecto Vacaciones en Paz

Consiste en la acogida de niños saharauis por parte de familias españolas. Los niños tienen entre 10 a 12 años y pasan el mes de julio y agosto en España. De esta manera se alejan de las duras condiciones y el calor del desierto.

En los campamentos de refugiados saharauis hay una atención sanitaria deficiente, por lo que los niños en España aprovechan la estancia para hacer revisiones médicas. Durante el periodo en el que están en tierras aragonesas, mejoran su castellano y se convierten en los embajadores de la causa saharaui en la tierra que les acoge además de estrechar los lazos entre el pueblo español y el pueblo saharaui.


 

La Asociación ALOUDA busca familias acogedoras de niños Saharauis para este próximo verano.

Es una experiencia solidaria inolvidable. Para más información contactar con el 648 155 360

Por mail:  asociacionalouda@hotmail.com

O en facebook:   https://es-la.facebook.com/asociacionalouda/

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