¿En qué se diferencian las pesadillas de los terrores nocturnos?

por Teresa

Las noches en los hogares donde hay niños, pueden ser de todo menos reparadoras. Hay muchas circunstancias que impiden  que los niños  duerman las ansiadas 8 horas que desearían los padres.

Las pesadillas y los terrores nocturnos son frecuentes en la infancia, y se producen  por causas diferentes.

terrores nocturnos y pesadillas 2

Que los papás sepan diferenciarlos les ayudará a entender lo que ocurre y a actuar en consecuencia.

 

¿En qué se diferencian las pesadillas de los terrores nocturnos?

PESADILLAS

TERRORES NOCTURNOS

Normalmente el niño se despierta  y recuerda el contenido del sueño. Resulta muy difícil despertarle.

Al día siguiente no recordará nada.

Los contenidos del sueño son muy elaborados. Los contenidos del sueño son muy incoherentes.
Mientras el niño sufre la pesadilla no se mueve ni grita. Llegamos a enterarnos de lo que pasa, porque el niño al despertar, nos llamará para que acudamos. Puede incorporarse de la cama e incluso llorar o gritar, a pesar que continua estando dormido.
La sensación de miedo y ansiedad permanecerá en el pequeño despues de despertar, pero porque recordará el sueño. El niño experimentará una intensa ansiedad porque todavia estará inmerso en el sueño.
Aparecen en el periodo de sueño superficial o REM Aparecen en el sueño profundo.
Esta fase se dá  en la segunda mitad de la noche. El momento es la primera mitad de la noche.
Inicio entre los 3 y 6 años. Inicio entre los 3 y 12 años.
Suelen remitir a medida que el niño se hace mayor. Suelen desaparecer con el tiempo y normalmente no precisan tratamiento farmacológico.

 

Pesadillas Infantiles

*Son más frecuentes que los terrores nocturnos, de hecho, prácticamente todos los niños a lo largo de su infancia, han sufrido en algún momento alguna pesadilla.

pesadillas y terrores nocturnos 3

Normalmente estos episodios se superan con la edad y no necesitan ningún tipo de intervención.

* Son sueños muy elaborados, con riqueza de detalles y que provocan en el niño una fuerte sensación de ansiedad, miedo o terror.

* El contenido de los mismos es muy variado, pero en todos los casos el niño se siente en peligro.

* Las situaciones soñadas, en general, son fantásticas y nada tienen que ver con su realidad.

* La pesadilla se mantiene mientras el niño está dormido y desaparece cuando despierta, aunque el niño mantiene cierto nivel de angustia.

*A diferencia de lo que ocurre con los terrores nocturnos, el niño, normalmente, es capaz de relatar con todo detalle el sueño, sus personajes, circunstancias y hechos que se han ido sucediendo.

* Las pesadillas se producen generalmente en la segunda mitad de la noche.

* Respecto a sus orígenes se han asociado con agentes externos que han provocado inquietud en el niño.

Cuando son muy frecuentes, deberíamos investigar si hay algún aspecto de la vida del pequeño que le pueda provocar inseguridad, puede ser un motivo familiar, escolar…etc. Ya que las pesadillas pueden ser una respuesta defensiva a esta situación.
Son también habituales en niños que han estado separados de sus madres durante un largo periodo de tiempo o si son hospitalizados.

* El mayor problema de las pesadillas es el temor que puede conllevar que el niño tenga miedo a la hora de irse a la cama.

No suelen existir trastornos psicológicos asociados a las pesadillas.
Para estos casos, se pueden llevar una serie de pautas que desarrollaré en el próximo post.

 

Los Terrores Nocturnos

Los denominados Terrores Nocturnos son menos frecuentes que las pesadillas, no obstante, tienen también una alta incidencia en la población infantil.

Son unos episodios muy impactantes para los padres ya que se encuentra al pequeño con una expresión facial de terror, taquicardia, sudoración, palidez y signos de intensa ansiedad.

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Aunque el niño se levante o permanezca sentado no suele estar despierto, ya que este episodio se produce durante el periodo de sueño profundo.
Aunque lo intentemos será difícil despertarlo y además no se aconseja hacerlo. Podemos provocar un estado de mayor desorientación y ansiedad.

No hay recuerdo del sueño y si no se ha despertado totalmente vuelve a dormir inmediatamente sin recuerdo de lo sucedido al día siguiente.
La prevalencia de los terrores nocturnos en población infantil es de 1-6%, siendo más frecuente en niños varones.
Normalmente se inicia en niños de edades comprendidas entre 4 y 12 años, remitiendo espontáneamente durante la adolescencia.
Se producen normalmente en la primera mitad de la noche, que es el periodo de la noche donde descansamos más profundamente.
Los niños con terrores nocturnos no presentan una mayor incidencia de trastornos mentales o psicológicos.

No está demostrada, pero parece que puede haber una predisposición genética.

Más clara es la influencia de  factores externos o ambientales como el estrés, cuya presencia se asocia de forma muy evidente con algunos de estos episodios.

La tensión emocional y la fatiga parecen incrementar la aparición de estos episodios. Hechos traumáticos recientes (hospitalizaciones, separación de la madre, muerte de un ser querido, etc.) son factores de riesgo que pueden desencadenar y mantener los episodios.

Controlar los terrores nocturnos

Es importante diferenciarlos de las pesadillas comentadas anteriormente, ya que se trata de trastornos diferentes, pero que se expresan en el mismo ámbito: el sueño.
Los terrores nocturnos normalmente desaparecen con el tiempo y no suelen precisar tratamiento, salvo en aquellos casos que por su frecuencia o intensidad constituyan un problema en la rutina del niño.
En los casos leves, que son la mayoría, los padres al conocer este tipo de episodio simplemente deben adoptar una actitud tranquila.

Vigilar que el niño no se caiga de la cama o sufra cualquier daño físico derivado de su incorporación de la cama (recordemos que el niño no está despierto).

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 – No hablarle ni intentar despertarle.
– Hay que esperar a que el episodio siga su curso natural pero bajo nuestra vigilancia.

Tanto en los terrores nocturnos como en las pesadillas es necesario valorar la conducta del niño durante la vigilia.

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Considerar si existen problemas en la escuela u otro ámbito que puedan estar influyendo en el mismo.

De confirmarse la existencia de dichos factores externos, debería actuarse sobre ellos a fin de solucionar el problema.

 

El contenido de este post contiene la sabiduría de una grandísima compañera y estupenda amiga, Inmaculada Marco, Enfermera especialista en Salud mental y Doctora en sociología.
De ella aprendo todos los días, en los espacios laborales que compartimos juntas.

Gracias Inma por hacer que crezca profesional y personalmente.

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